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“Con mi corazón en la mano ”

Queridos amigos:

Hace mucho que no les escribo pero el viaje a Pringles me dio muchas razones para escribir nuevamente.

Hace poco leí en un libro: “es posible que una persona no pertenezca en absoluto a su familia biológica. Es posible que, desde un punto de vista genético, pertenezca a su familia, pero por temperamento se incorpore a otro grupo de personas. También cabe la posibilidad de que alguien pertenezca aparentemente a su familia, pero su alma se escape de un salto, corra calle abajo y sea glotonamente feliz comiendo pastelillos espirituales en otro sitio”.

Cuando leí esto me acordé de ustedes porque por temperamento y alma pertenezco a esta gran familia que es el Fobi.

El domingo viajé a Pringles con un grupo de personas maravillosas, me sentí cómoda, relajada, tranquila. Surgieron temas de conversación en los que todos podíamos aportar algo y conversando descubrimos cuanto nos parecíamos. Todo fue tan armonioso y fluía con la naturalidad propia del agua. Mis problemas personales se fueron desvaneciendo para darle lugar a un “disfrutar del momento presente” a comprender que nada hubiera resuelto quedándome en mi casa con mi diálogo interior negro y pesimista.

Lo más lindo es que en Pringles nos esperaba otra hermosa familia con la que establecimos un contacto afectivo rápido y sincero. Todo transcurrió con la naturalidad propia que surge del hecho de sentirse a gusto en un lugar, de sentirse identificado, comprendido, aceptado o sea, experimentar la pertenencia a un grupo pero no a un grupo cualquiera sino a uno muy especial en donde la prioridad a los sentimientos, a las emociones, a la calidez, a la expresión de los afectos, a la caída de cualquier atadura, de cualquier máscara, a la expresión de la alegría en todo su esplendor. Me sentí verdaderamente libre, desacartonada. Cuando salimos a caminar por los alrededores el tiempo parecía haberse detenido para todos nosotros, nuestros pies pisaban las hojas secas de los árboles, se escuchaban carcajadas, otros iban agarrados de los brazos contandose cosas, yo por lo menos, iba con un grupo luego me adelantaba y seguía caminando sola observándolos a todos con felicidad y complicidad. Yo creo que si hubiéramos estado allí en medio de la oscuridad absoluta, hubiéramos brillado como soles. No quiero quedar mal con nadie de mi grupo pero siento la necesidad de hablar de alguno de ellos por distintas razones. En primer lugar me acuerdo de Andrea de la que estoy en condiciones de afirmar que es mi primer gran amiga, ella me hace reír hasta lo imposible y es la que me ayuda a levantarme de mis caídas, es como un hada madrina loca. Alguien que se merece un aplauso gigante es Gisela por su decisión para hacer el viaje y por las fuerzas sobrenaturales que puso para enfrentar una situación que le presentaba difícil. Sé que le costó mucho estar ahí, vi permanentemente la tristeza en su rostro y pensaba: “ ¡ maldito miedo, ya muy pronto Gisela te va a ganar la batalla, es mas, ya dio el primer gran combate!” pero vi también como muchas compañeras se acercaron a ayudar con palabras y abrazos. Ella se merece un aplauso.

Cuando tuve la oportunidad de hablar con ella pude ver la gran ternura que había en su alma y la buena voluntad para enfrenar a nuestro enemigo. Ella se merece un aplauso. También es de destacar la presencia de Juan que a todos nos dijo que éramos inteligentes, hermosas y buenas y después nos mandaba a buscar empanadas calientes. Hablando en serio, le agradezco a Juan los consejos que me dio.

Les confieso que la “piel” que tengo con la gente de Pringles es especial y única... siempre termino llorando cuando llega la hora de partir.

En el final cuando cantamos todos juntos esa canción de Diego Torres me emocioné tanto que se me saltaron las lágrimas pero tuve la suerte que junto e mi estaba Ester quien me abrazó y me besó y me dio la contención que necesitaba en ese momento, después cuando estabamos de regreso en Bahía nos despedimos hasta el próximo jueves ella me dijo algo que me tocó muy adentro y me dio una gran felicidad, porque no hay cosa mas hermosa, por lo menos para mí, que ser comprendido en su esencia, mas allá del personaje. Por todo eso ¡gracias Ester, de corazón! También me alegró mucho ver a Marta que cada vez que me habla me hace emocionar y a Ofelia que se hizo cargo del colectivo, de recaudar el dinero y le salió todo redondo y a Alma que escribió una carta que expresaba fielmente todo lo que uno sentía....en un momento pensé que parecíamos dos tribus intercambiando obsequios y fumando la pipa de la paz. A todos aquellos que no nombré en particular les digo “gracias por decidirse a hacer el viaje y compartir conmigo un día tan lindo”. Solo me resta por decirles a todos que los quiero muchísimo y que son mi familia y que cada jueves aprendo de sus palabras, pero también de sus silencios, y de la expresión de sus rostros y entre ustedes es el único lugar que me siento cómoda.

Este domingo en Pringles fue maravilloso, una energía especial circulaba entre nosotros pasando por nuestro corazones mas allá de las palabras. La alegría, la paz y la armonía fueron las reinas de ese día.

Gracias doctor por ser el propulsor de todo esto... de este milagro.

Con mi corazón en la mano....

Silvana

 

 
 
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